Todos vivimos en el mundo, y por lo tanto, todos debemos ocuparnos de él e interesarnos por “su salud”. Ya no nos podemos guiar por fronteras o por delimitaciones entre Estados. Ya no tiene sentido la gran batalla política para zanjar los niveles de cumplimiento de la legalidad internacional, sobre lo cual hay quienes pretenden quedar exonerados o amparados subsidiariamente en los generosos límites de su soberanía territorial, para huir de principios que limiten, maticen o supongan injerencia alguna en su política energética. Debe ser un trabajo a nivel planetario donde el objetivo de los esfuerzos sea una convivencia del hombre y la naturaleza en interés mutuo. Por todo ello, tanto
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